Reputada en el mundo entero, la cocina marroquí ocupa un sitio privilegiado en el arte culinario universal.

Su riqueza en aromas, en especias y en perfumes consiguió halagar diferentes paladares y seducir a los gastrónomos más finos.
Sabrosa por su gusto y sutil por sus olores, la cocina marroquí es una mezcla exquisita de dulce y salado. Combina la dulzura de los frutos y de las semillas con los efluvios salados de las carnes y de las verduras condimentadas con el fin de proponer numerosas recetas en cualquier ocasión: comidas relajadas, tradicionales o menús de fiestas.
En definitiva, la cocina marroquí es una cocina de mezclas. Un caldo de cultivo del que se extrajo con brío una gastronomía delicada, generosa y refinada. El cuscús a las siete verduras es el plato nacional más popular en Rabat, pero también ha conseguido conquistar las cocinas de muchos países extranjeros
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