A consecuencia de su pasado, Rabat y Salé conservan ricos patrimonios históricos y culturales, testigos de las civilizaciones y de las dinastías que habitaron allí.

En los inicios del Protectorado, Rabat se convirtió en un auténtico laboratorio urbano. Una ciudad nueva fue concebida por un equipo de arquitectos, urbanistas y paisajistas (Prost, Ecochard y Forestierl) que sentaron las bases de un nuevo urbanismo, lo que proporcionó a Rabat un centro dotado de zonas tanto urbanas como al aire libre de gran calidad.

 


 

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